miércoles 13 de febrero de 2008

La isla de Capri y la Costa Amalfitana



A tan solo 20 minutos en barco desde Sorrento está el puerto de Marina Grande en la isla de Capri.

A través de un funicular llegamos a la ciudad de Capri, y desde ahí caminando, en taxi (los hay descapotables) ó autobús, llegamos a la capital Anacapri, que se encuentra en la parte más alta de la isla. Aquí nos encontramos con el Capri Palace Hotel & Spa.

Es un hotel peculiar, elegante y glamuroso y bastante moderno. Se mezclan los ambientes minimalistas con detalles barrocos, debido a la cantidad de antigüedades que hay por los salones y pasillos. Y el blanco luminoso inunda las estancias haciendolo muy agradable.

Hay dos suites que destacan sobre las demás, la "Suite Acrópolis" situada en el ático, con las mejores vistas del mar de todo el hotel, y la "Suite Megarón" con piscina y jardín privado, que más que una suite parece un apartamento.







En la terraza de la piscina, que no es la más bonita del hotel, se encuentra L’Olivo, la cocina de Oliver Glowig, un alemán con mujer e hijas italianas de la isla, el único en Capri ganador de una estrella Michelin, sirve cocina Mediterránea con una gran originalidad. Prueba los salmonetes con patatas troceadas a mano, y de postre el plátano caramelizado con helado de ron añejo y azúcar moscovado. Un postre convincente. La carta de vinos presenta precios aceptables. También tienen carta de aguas minerales, que puede crear adeptos, nosotros bebimos un agua escocesa.








Un día con poco mar, puedes dar una vuelta en uno de los yates del hotel, y visitar la Gruta Azul, "Grotta Azzurra". Al alcanzar las inmediaciones de la entrada varios barqueros te suben en sus barcas para visitarla. No siempre se puede entrar porque si la marea está muy alta la entrada se inunda. De hecho hay que agachar la cabeza en la barca para poder acceder a la gruta. Toda la luz de la cueva procede de debajo del agua y es lo que produce el impresionante efecto. En cuanto metes algo en el agua se vuelve azul brillante. Toda la iluminación de la cueva proviene del agua.











Al atardecer podemos recorrer los caminos de la isla y sus pintorescos callejones, paseando por la Via Vittorio Emanuelle, famosa por sus exclusivas tiendas, y las glamourosas Vía Camelle y Vía Croce. Sus blancas residencias, de estilo medieval, desde cuyas terrazas podemos divisar bellas playas de fina arena, y preciosas calas bañadas por el inconfundible azul del Mediterráneo.