
Si hay un hotel que destaca sobre todos los demás en lujo, relax y paz es Amanpuri (auténtica joya de Aman Resorts en la isla de Phukhet). Este hotel que abarca más de 40 hectáreas de vegetación al borde de Pansea Beach, es uno de los escondites de verdadero lujo asiático a escasos kilómetros del horrible Patong beach, ciudad donde las falsificaciones y los hooligans británicos campan a sus anchas.

La playa de Pansea es una de las más bonitas que puedes encontrar en Tailandia. Tiene algo de oleaje, pero el color del mar es indescriptible (mezcla entre azul turquesa y añil). Según bajas a la playa te colocan unas tumbonas con una sombrilla tailandesa que se clava expresamente en la arena para la ocasión. La escalinata rodeada de palmeras que sube de la playa para coronar el hotel, es impresionante y también se puede comer a mitad de la escalera divisando toda la exensión de la playa.
A las habitaciones no les falta detalle, con un baño integrado en la habitación y una bañera elegante. El servicio no hace falta comentar que es muy atento y exquisito. Y que decir de las piscinas..... choca al principio encontrar una piscina con fondo de color oscuro pero es un gran acierto porque adquiere distintas tonalidades con el sol. Al borde de la piscina principal se puede desayunar, merendar ("afternoon tea" incluido) o cenar. El desayuno es prohibitivo de precio y no se justifica por lo que es preferible conseguir un "package" que lo incluya . Hay pocas alternativas cerca del hotel, por lo que es preferible contar con un coche de alquiler que te permita recorrer la isla y cenar en algún restaurante asiático de Patong Beach. Merece la pena visitar el Banyan Tree que cuenta con campo de golf y una piscina con un río rápido de corriente.
Al hacer el "check out" procura que te dejen pasar unas horas en una villa privada para conocer por un día lo que significa la palabra lujo. Se me olvidaba, también puedes jugar al tenis por la tarde noche ya que la humedad es elevada para jugar de día. Da cierto palo ver como el personal del hotel abandona a final de la jornada las instalaciones en un camión abierto en el que se apiñan más de cincuenta trabajadores.





